Marcelo Delgado

Sunday, September 11, 2005

Por la justicia y la verdad



"Sergio Vuskovic me cuenta los últimos días de José Tohá.

-Se suicidó- dijo el general Pinochet.

-El gobierno no puede garantizar la inmortalidad de nadie- escribió un periodista de la prensa oficial.

-Estaba flaco por los nervios- declaró el general Leigh.

Los generales chilenos lo odiaban. Tohá había sido ministro de Defensa del gobierno de Allende, y les conocía los secretos.

Lo tenían en un campo de concentración, en la isla de Dawson, al sur del sur.

Los prisioneros estaban condenados a trabajos forzados. Bajo la lluvia, metidos en el barro o en la nieve, los prisioneros cargaban piedras, alzaban muros, colocaban tuberías, clavaban postes y tendían alambradas de púas.

Tohá, que medía uno noventa, estaba pesando cincuenta kilos. En los interrogatorios, se desmayaba. Lo interrogaban atado a una silla, con los ojos vendados. Cuando despertaba, no tenía fuerza para hablar, pero susurraba:

-Óigame, oficial.

Susurraba:

-Arriba los pobres del mundo.

Ya llevaba algún tiempo tumbado en la barraca, cuando un día se levantó. Fue el último día que se levantó.

Hacía mucho frío, como siempre, pero había sol. Alguien le consiguió un café bien caliente y el negro Jorquera silbó, para él, un tango de Gardel, uno de aquellos viejos tangos que tanto le gustaban.

Las piernas le temblaban, y a cada paso se le doblaban las rodillas, pero Tohá bailó ese tango. Lo bailó con una escoba, iguales de flacos los dos, la escoba y él, él estrujando el palo de la escoba contra su cara de hidalgo caballero, muy cerraditos los ojos, muy sintiendo, hasta que en una vuelta quebrada cayó al suelo y ya no pudo levantarse.

Nunca más lo vieron." ( Celebración del coraje/3 de "El Libro de los Abrazos", Eduardo Galeano)

1 Comments:

At 8:20 PM, Blogger crisprehiem7450 said...

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