Marcelo Delgado

Tuesday, September 27, 2005

Escena perdida


















Mi entera existencia está a la deriva.
El tic tac del reloj : descompasado.
Fuera de foco la mirada del ojo blindado .
Un círculo que ya no cierra.
Un mar dulce .
Gravedad desorbitada.
Gritos de silencio.
Lágrimas secas.
ESA SOY YO : HENDIDURA FILOSA.
Me enteré que siempre estará desencajada la eufórica risa eterna de los bufones......

Thursday, September 22, 2005

Primavera en Antofagasta


El cielo estrellado luego dió lugar a que el mar surja con todo su esplendor. Horas de viaje para arribar a Antofagasta, llevada de la mano de Flora, la diosa de la fantástica primavera....

Sunday, September 11, 2005

Por la justicia y la verdad



"Sergio Vuskovic me cuenta los últimos días de José Tohá.

-Se suicidó- dijo el general Pinochet.

-El gobierno no puede garantizar la inmortalidad de nadie- escribió un periodista de la prensa oficial.

-Estaba flaco por los nervios- declaró el general Leigh.

Los generales chilenos lo odiaban. Tohá había sido ministro de Defensa del gobierno de Allende, y les conocía los secretos.

Lo tenían en un campo de concentración, en la isla de Dawson, al sur del sur.

Los prisioneros estaban condenados a trabajos forzados. Bajo la lluvia, metidos en el barro o en la nieve, los prisioneros cargaban piedras, alzaban muros, colocaban tuberías, clavaban postes y tendían alambradas de púas.

Tohá, que medía uno noventa, estaba pesando cincuenta kilos. En los interrogatorios, se desmayaba. Lo interrogaban atado a una silla, con los ojos vendados. Cuando despertaba, no tenía fuerza para hablar, pero susurraba:

-Óigame, oficial.

Susurraba:

-Arriba los pobres del mundo.

Ya llevaba algún tiempo tumbado en la barraca, cuando un día se levantó. Fue el último día que se levantó.

Hacía mucho frío, como siempre, pero había sol. Alguien le consiguió un café bien caliente y el negro Jorquera silbó, para él, un tango de Gardel, uno de aquellos viejos tangos que tanto le gustaban.

Las piernas le temblaban, y a cada paso se le doblaban las rodillas, pero Tohá bailó ese tango. Lo bailó con una escoba, iguales de flacos los dos, la escoba y él, él estrujando el palo de la escoba contra su cara de hidalgo caballero, muy cerraditos los ojos, muy sintiendo, hasta que en una vuelta quebrada cayó al suelo y ya no pudo levantarse.

Nunca más lo vieron." ( Celebración del coraje/3 de "El Libro de los Abrazos", Eduardo Galeano)

Wednesday, September 07, 2005

AMOR Y MAGIA

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