Marcelo Delgado

Monday, November 21, 2005

La eternidad de lo sublime



La razón se quemó en el medio de la calle como en un sueño. Íbamos tomados...... tomados de la mano. El recorrido fue corto, pero con el deseo de que fuera eterno y su mano nunca despojara la mía.
Estoy siempre en peligro, perdiéndome. Esta vez recorriendo descalza las calles que sepultaron miles de cuerpos durante miles de años, cautivada por su sonrisa etérea y su voz irresistible. Contemplé sus ojos como si fueran tesoros arcaicos.
El sueño nos envolvió. Un sueño que hizo entrelazar nuestros pies... y nuestras almas.
Un silencio de éxtasis hizo perderme en el recorrido de sus dedos sobre mis mejillas y labios. Sentía como agitaba sus sentidos para disfrutar, como yo, la eternidad de lo sublime.
Me temblaba el cuerpo por el deseo de que volviese a besar mi frente y a sentir su brazo rodeando mi desnuda cintura.
Mantuve mi semblante en alto, estirando el cuello imaginando que la superficie de mi piel se expandía y lograba así que su roce fuera más prolongado.
Era una noche profunda, colmada de brisa marina, mágicamente dulce......¿será el nacimiento de la dicha?.
Todo quedó entre dos seres desconocidos, sólo que uno de ellos tuvo las ganas de vivir cruzándole la risa y las palabras....

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